Nunca más en nombre del equilibrio

Sobre el equilibrio

Tradicionalmente en el mundo del futbol, el equilibrio se entendía como algo parecido a la perfecta conjunción de dos perfiles de futbolistas de carácter totalmente antagónico, si uno de mis centrocampistas era un “pelotero” debía complementarse irremediablemente con otro mediocentro más “destructor”. También dictaban los cánones que si unos de mis delanteros media metro setenta, era rápido y se dedicaba a mancillar las espaldas de los centrales, su media naranja no podía ser otro que un fortachón con más aspecto de pívot reboteador que de goleador, y que posiblemente durante un partido tocara más balones con la cabeza que con el pie. No solo de perfiles de jugadores vivía el equilibrio si no de conceptos tácticos como aquel de que si un lateral subía el otro en nombre y gracia del divino equilibrio debía quedarse como fiel escudero de los dos centrales.

 

Y el futbol siguió evolucionando, menos en las barras de los bares y sus inquilinos, y actualmente parece que el equilibrio se define más por un futbolista que normalmente se desenvuelve delante de los centrales, habitualmente más preocupado de hacer kilómetros que de dar dos pases de calidad. Una especie de apagafuegos del equipo con la única misión de ir arreglando los líos en los que los otros compañeros meten al equipo. Es algo así como la piedra filosofal de cualquier equipo, este jugador es necesario porque sin él el equilibrio parece una auténtica quimera. Se suele identificar el equilibrio de un equipo, en cualquier momento que se tome de su fase defensiva y como si de un tesoro marcado con la x se tratara, afirmar con vehemencia que ahí reside el tan preciado equilibrio perdido, cuando el mediocentro sale a corregir el espacio que deja el despistado y el alocado lateral, porque los laterales están para defender, eso de atacar ya puede que sea demasiado, y por el que el rival nos pretendía montar el contraataque.

 

Pero el equilibrio no vive de los perfiles, si no en la actitudes, planteamientos, ejecuciones e incluso en los automatismos que un equipo es capaz de desarrollar en el verde. Es aquello de ordenarse mientras mi oponente se desordena en el intento, y si me desordeno rápidamente volver al punto de equilibrio en el cual mi equipo se encuentra ordenado, eso a lo que los más técnicos llaman homeostasis en los sistemas abiertos, algo así como una autorregulación ante la salida del estado de equilibrio. Y esto es inherente a cualquiera de las fases en el futbol, no solo la defensiva, porque como voy a defender ordenado si cuando ataco mis moviemientos no hacen más de desorganizarme o como voy a transitar bien y salir rápido si mi equipo no es capaz de permanecer ordenado ante los las “malas” intenciones del contrario. Es por esto que el equilibrio es él y sus circunstancias, o mejor dicho el equilibrio solo se entiende en un contexto y este varía dependiendo del rival que tenga enfrente, ya que un mismo equipo no podrá atacar sin desordenarse ante un conjunto que te plantee una presión alta que ante ese mismo equipo que decida replegar e intentar salir al contraataque, el contexto cambia y por lo tanto la manera de atacar deberá cambiar, intentando dar soluciones a los problemas que se me plantean , ya que lo que antes me daba equilibrio ahora me lo puede quitar.

Por lo tanto el equilibrio no existe tanto en el perfil si no en el mecanismo y en el juego. Ese jugador fuerte defensivamente que actúa de pivote, con el cual parece encontrarse el equilibrio en un equipo puede ser que cuando le toque atacar lo que provoque sea todo lo contrario y vaya desequilibrando con sus pases, o no. Y puede que el equilibrio se halle en un media punta talentoso y sin sangre, de esos que los argentinos califican “pecho frio”, jugando de pibote, el cual asegure pases de calidad desde atrás, o no. O en dejar los laterales en posiciones de mediocentro cuando ataco para evitar las tan indeseables transiciones ofensivas del rival, o no.

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En definitiva no se debe sacrificar el talento en nombre del equilibrio por esa moda tan horrible en el futbol de aplaudir más el esfuerzo y la virilidad que el talento y el desparpajo. Un equipo equilibrado parece ser que es aquel que tanto gusta llamar rocoso y solidario, de estos que juegan con todos atrás y el espíritu santo delante. Nada más lejos de la realidad, posibilidad de ganar tendrá ese equipo, porque siempre la hay, probabilidades menos. Por aquello, que hay veces que parece olvidado, que para ganar hay que marcar. El equilibrio tiene muchas caras, solo se trata de buscarlo y intentar encontrarlo.

Autor:
Jorge Mallén

@J_Mallen90
Entrenador Cadete A
CF Futur de Castelló

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